¿Qué soy? ¿quién soy?: autoadscripción y reconocimiento 

Se trata de un asunto delicado el introducirse, nombrarse o reconocerse dentro de un espacio sociocultural que no ha sido el de nuestra identificación primera. No quiero complicar las cosas en este escrito. Hablo desde mi experiencia a este proceso de reconocimiento de mis raíces. Nací en una ciudad, en una mezcla migratoria en urbanización y no soy la única que se siente identificada con esta historia. 

¿Qué soy? Y no me refiero al ser, sino a la identificación del ser. Yo era una chica poblana hasta el momento de desmarañar unas cuántas raíces. Visualicé aquel árbol genealógico desde los territorios, las culturas, los pasados y las lenguas de mis ancestros y ancestras. Ahí, en ese momento, dejé de ser sólo una chica poblana. 

¿Quién soy? En un principio y en un final, soy lo que mi vida fue, es y será. Soy mis identificaciones y las reconfiguraciones de estas. Soy lo que mi mamá y mi papá. Soy lo que cada uno de mis abuelos y abuelas, y así hasta llegar al casi infinito comienzo de las cosas. 

Hace no mucho tiempo comencé por este proceso de reconocimiento de mis raíces culturales. Quise empezar por el lado de las mujeres, que resultó ser un lado “muy materno”. Mi mamá, mi abuela, mi bisabuela, mi tatarabuela… nacieron en el mismo pueblo y crecieron con la misma lengua. 

Las sensaciones de acercarse a la cultura y la comunidad de las mujeres que me dieron vida han tenido una fuerte influencia por la forma en la que las personas de la comunidad se refieren a mí. Algunos abuelos, viejos amigos de mis familiares, me dicen “tú paisana, tú eres de aquí”. Sin embargo, algunas otras personas me han comentado que para reconocerse identitaria y culturalmente como parte de la comunidad hay que conocer la lengua. 

La autoadscripción es aquel ejercicio voluntario de identificación hacia una cultura o “pueblo indígena”. Esto a raíz de los vínculos culturales, históricos, políticos, lingüísticos o prácticos. ¿Y qué sucede? Que todos y todas, al menos a quienes se nos ha incrustado este “nacionalismo mexicano”, tenemos los vínculos señalados anteriormente. Así es que, si pasáramos por procesos de reconocimiento, tal vez podríamos autoadscribirnos. ¿No? 

La cuestión aquí, el problema, es que la autoadscripción puede ser aceptada o no por el resto de una comunidad o sociedad cultural. Lo cual yo considero, una muy respetable decisión de quienes sí se reconocen mutuamente dentro de su entorno cultural. 

Yo podría reconocerme como parte de una cultura y pueblo con orígenes ancestrales-prehispánicos a pesar de no haber nacido, crecido o desarrollado cierta parte de mi vida allí con ellos y, aun así, tener el rechazo de quienes están dentro de ese círculo. Esta es la problemática, esta es la delgada línea que podría llevarme del reconocimiento a la autoadscripción, a la aceptación o al rechazo. 

Miriam García

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